CONCIERTO BARROCO DE ALEJO CARPENTIER



La lectura de Concierto barroco me ha dejado una sensación muy especial. Más allá de la historia y de los personajes, siento que esta novela me ha servido para leer de una manera más lenta y atenta. No es un libro para pasar las páginas con rapidez, sino para detenerse en el lenguaje, escuchar las palabras y disfrutar cómo suenan y lo que despiertan en la imaginación.

Mientras leía, hubo palabras que me obligaron a parar un momento. Una de ellas fue “aneblado”. Al encontrarla, sentí curiosidad. Pronuncié la palabra dentro de mi cabeza varias veces: a-ne-bla-do. Pensé en su sonido suave y algo melancólico. Después empecé a preguntarme qué significaba exactamente, dónde la había escuchado antes y si podría usarla en una conversación cotidiana. Busqué la palabra en el diccionario y, a partir de ella, aparecieron otras: nublado, cubierto, brumoso, grisáceo, nebuloso. Todas parecían abrir una pequeña puerta distinta dentro del mismo paisaje.

Eso fue una de las cosas que más disfruté de esta lectura: descubrir palabras nuevas y dejar que permanecieran un rato en mi mente. Hacerlas rodar en la cabeza, apuntarlas en un cuaderno, pensar cómo sonarían dentro de un poema o de una conversación. Después, más tarde, al hablar con alguien, podía intentar incorporarlas con naturalidad: “el cielo aneblado deja pasar una luz suave”. De esa forma, la lectura deja de ser solamente una historia y se convierte también en una experiencia con el lenguaje.

Creo que Alejo Carpentier tiene una manera muy rica de escribir. Su estilo está lleno de imágenes, sonidos y referencias culturales, y eso exige atención, pero también recompensa al lector. Aunque a veces algunas frases pueden parecer difíciles, precisamente ahí está parte de la belleza del libro: obliga a mirar las palabras con calma y a valorar todo lo que contienen.

Gracias a esta novela, siento que he ampliado mi vocabulario y también mi relación con la lectura. Ahora leo con más paciencia y con más curiosidad. Cada palabra nueva puede convertirse en algo propio, en una herramienta para pensar, escribir o expresarse mejor. Leer así hace que la conversación diaria se enriquezca y que la mente se expanda poco a poco con cada página.

A continuación, dejo algunas de las palabras que he ido apuntando durante la lectura, palabras sobre las que merece la pena detenerse y pensar un momento: afelpado, galpón, lucernaria, loa, ciclón, turbamulta, olán, mordentes, tramoya, crespones, oriflama, empavesar, soliloquio y exultación. 

Me gusta pensar que las palabras también se comparten. Así que te dejo estas: llévalas contigo, pruébalas en una conversación, escríbelas en un cuaderno o en un poema, y crea poco a poco tu propio mapa de palabras favoritas.

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