HOJAS DE HIERBA DE WALT WITHMAN
Leer Hojas de hierba de Walt Whitman ha sido para mí una experiencia muy especial, sobre todo por la sensación de cercanía y bondad que transmite el autor. No es un libro de poesía que se sienta distante o difícil. Whitman parece hablarte directamente, como si te estuviera mirando a los ojos y quisiera acompañarte.
Una de las cosas que más me ha llamado la atención es la enorme bondad que se percibe en sus poemas. En muchos momentos interpela al lector directamente, y eso me ha hecho sentir acompañada y querida. Es curioso cómo alguien que vivió en otra época, en otro país y que ya no está, puede generar una conexión tan fuerte con quien lo lee hoy. En cierto modo, leerlo es como conversar con alguien que te entiende y te acoge.
También me ha impresionado mucho la faceta de Whitman durante la guerra, cuando visitaba a los soldados heridos y moribundos. Saber que estaba allí con ellos, acompañándolos en sus últimos momentos, consolándolos, incluso besándolos y tratándolos con tanta ternura, dice mucho de su forma de ver a los seres humanos. Esa actitud aparece también en su poesía: una mirada llena de respeto, compasión y amor por las personas.
Otra idea muy presente en el libro es su visión del todo. Para Whitman, todo lo que existe está conectado. Los seres humanos, la naturaleza, los objetos, el universo entero… todo tiene relación con el alma. Él transmite la idea de que cada cosa, sin excepción, posee un alma inmortal o participa de algo espiritual. Esta forma de mirar el mundo hace que incluso los detalles más pequeños parezcan importantes y llenos de significado.
Entre los poemas que más me han gustado están Canto de mí mismo, que es quizá el más conocido y donde Whitman celebra la vida, el cuerpo, la naturaleza y la identidad de cada persona. También me han gustado mucho A uno que pronto va a morir, que transmite una enorme ternura y humanidad frente a la muerte, y En mi vejez doy las gracias, un poema lleno de calma y gratitud por la vida.
En conjunto, Hojas de hierba me ha parecido un libro reconfortante y profundamente humano. Whitman escribe con una libertad y una cercanía que hacen que sus poemas se sientan vivos. Más que leer poesía, da la sensación de estar compartiendo pensamientos y emociones con alguien que cree profundamente en la dignidad de cada persona y en la belleza de estar vivos. Y quizá por eso, al terminar algunos poemas, queda la sensación de haber sido escuchada, acompañada y un poco más querida.
No compondré poemas que se refieran a partes,
sino que compondré poemas, cantos, pensamientos, que se
refieran al todo,
y no cantaré refiriéndome a un día, sino a todos los días,
y no compondré ni un poema, o la parte más insignificante de
un poema, que no se refiera al alma,
porque, habiendo mirado los objetos del universo, encuentro
que no hay ni uno solo, ni una sola partícula de ninguno,
que no se refiera al alma.



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