INDUSTRIAS Y ANDANZAS DE ALFANHUÍ DE RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO
Industrias y andanzas de Alfanhuí, de Rafael Sánchez Ferlosio, es un libro muy singular dentro de la narrativa española, difícil de clasificar y con una personalidad muy marcada. Mi lectura ha sido la de una obra cercana al realismo mágico, no por la presencia de lo sobrenatural, sino por la manera en que la realidad se transforma a través de la mirada del protagonista. La novela avanza de forma episódica, sin una trama cerrada ni un conflicto central claro, lo que refuerza su carácter de relato de aprendizaje: Alfanhuí recorre distintos lugares y oficios, y en ese recorrido va construyendo su manera de entender el mundo.
Uno de los aspectos que más me ha llamado la atención es el cuidado del lenguaje. El vocabulario es muy rico y preciso, y las descripciones ocupan un lugar central en el libro. Algunas resultan más logradas que otras, pero en su mayoría están dotadas de una notable belleza poética. Un ejemplo especialmente sugerente es la escena en la que la casa parece respirar la noche: “Alfanhuí abrió la puerta de la casa. La luz de la cocina salió al campo y la cocina sorbió de la noche como una boca que respira, aspirando largo rato llenando su pulmón. Se la oyó respirar muy hondo, llenarse de frescura. Alfanhuí estaba parado en el dintel. Fuera había nieve.” En pasajes como este, lo cotidiano se vuelve casi mágico gracias a la precisión y sensibilidad de la prosa.
El libro también ofrece una reflexión profunda y simbólica sobre cuestiones esenciales. Me ha parecido muy bella la forma en que se sugiere la muerte como un “reino de lo blanco”, un espacio de unión donde todo se funde, lejos de una visión trágica. Esa misma mirada ética aparece en afirmaciones como: “La gente cree que es tesoro todo lo que vale mucho, pero el verdadero tesoro es lo que no se puede vender”, que resume bien el tono reflexivo y humanista de la obra.
Otro de los elementos más llamativos es la atención que Ferlosio dedica a los colores, especialmente al verde, tratado con una sensibilidad casi pictórica: “Y estos eran los llamados ‘verdes de lluvia’, porque sólo bajo la lluvia se daban a conocer y estaban para guardar en sus gamas el recuerdo de cuanto en los días de lluvia había ocurrido y en lo demás del tiempo se estaban ocultos y nada decían.” Esta idea se amplía con una clasificación muy poética: “Había pues, ‘verdes de lluvia’ y ‘verdes de cuando no llueve’; ‘verdes de sombra’ y ‘verdes de luz’; ‘verdes de sol’ y ‘verdes de luna’." En conjunto, el libro es breve, delicado y muy imaginativo, y propone una forma distinta y atenta de mirar la realidad, invitando a una lectura pausada y reflexiva.



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