OCÉANO MAR DE ALESSANDRO BARICCO
Océano mar, de Alessandro Baricco, es una novela distinta. Su ritmo ondula, se retuerce, avanza y retrocede como el mar mismo. Publicada en 1993, esta obra es una de las más poéticas del autor italiano, un texto inclasificable que se mueve entre la narrativa, la filosofía y la fábula.
La historia transcurre en la posada de Almayer, un lugar apartado junto al mar donde confluyen personajes tan dispares como misteriosos. Está el profesor Bartleboom, un científico obsesionado con encontrar el punto exacto donde termina el mar; Elisewin, una joven enferma que llega allí con la esperanza de curarse en sus aguas; Plasson, un pintor que solo puede pintar el mar, porque en todo lo demás también ve mar; Ann Deverià, una mujer que busca expiar sus culpas; y otros huéspedes que, de un modo u otro, cargan con heridas invisibles. Todos llegan atraídos por una misma fuerza, por una presencia que los sobrepasa.
A lo largo de la novela, Baricco entrelaza sus historias con una segunda parte más oscura: la del naufragio de la fragata Medusa, donde un grupo de hombres lucha desesperadamente por sobrevivir sobre una balsa a la deriva. Esta historia, inspirada en un hecho real, refleja la otra cara del mar: la del abismo, la del límite entre la vida y la muerte.
Leer Océano mar ha sido para mí una experiencia esclarecedora. En mi propia poesía, el mar siempre ha sido una metáfora cargada de sentido, pero Baricco lo presenta de un modo distinto, casi como una divinidad. El mar en esta novela está en todas partes: cura, destruye, refleja, devora, llama. Es lo que da origen y lo que pone fin a las cosas.
Hay una pregunta que recorre el libro —y que yo misma me he hecho al leerlo—: ¿hay mar en mí?
Quizás el mar sea una metáfora de lo esencial, de lo que nos sostiene incluso cuando no lo comprendemos. Baricco logra que el lector sienta esa llamada, ese rumor constante que parece venir de dentro y no del horizonte. “Es lo único que hace, en el fondo: llamar. No se detiene nunca, te entra dentro, se te echa encima, es a ti a quien quiere. Puedes disimular, no te sirve de nada. Seguirá llamándote.”
Esa llamada me recuerda a mi propia obsesión por el umbral, por los límites: porque comprender los límites también es comprender lo que contienen. En los márgenes, en los puntos donde una cosa se transforma en otra —como el crepúsculo, como la muerte— ocurre lo más bello y lo más misterioso. Océano mar se asienta precisamente ahí: en el umbral entre lo humano y lo infinito.
Baricco escribe con un lenguaje de espuma, musical y fragmentario. Su prosa se mueve como una ola: parece que se retira, pero siempre vuelve con algo más. Leerlo es dejarse arrastrar. Y al final, cuando cierras el libro, no sabes si has leído una novela o si el mar te ha contado un secreto.
Porque Océano mar no solo habla del mar: es el mar. Y cuando uno lo mira —como cuando mira las olas—, inevitablemente se ve reflejado a sí mismo.



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