MORTAL Y ROSA DE FRANCISCO UMBRAL


Soy el único cadáver que ha escrito un libro en la historia de todos los tiempos. 


Leer Mortal y rosa ha sido una experiencia intensa, hermosa y al mismo tiempo dolorosa. No es un libro fácil, porque se siente de principio a fin el peso del duelo, pero está escrito con tanta belleza que uno no puede dejar de leerlo. Paco Umbral transforma su dolor en literatura, y eso hace que cada página nos llegue con una fuerza muy especial.

Lo que más me ha conmovido es cómo logra convertir lo cotidiano en poesía. Hay descripciones tan delicadas que parecen cuadros, como la escena de dormir a un niño en la mecedora, que se queda grabada en la memoria. Es posiblemente uno de los finales más bonitos que he leído. Saber que detrás de esas palabras está la pérdida real de su hijo vuelve todo aún más intenso: la ternura, el miedo, la enfermedad y finalmente la muerte.

El libro está escrito en forma de diario, lo que le da mucha libertad para hablar de todo aquello que lo inquieta: el paso del tiempo, la escritura, la propia existencia. Umbral escribe frases que se sienten como verdades universales, verdades que no me gustaría olvidar nunca:

"Nuestro futuro es nuestro enigma, la renta que vamos consumiendo. Pero se camina, necesariamente hacia la claridad. Así debe ser. Que la humanidad se aclare definitivamente y que yo muera todavía en sombra. No morir completamente en limpio, completamente descifrado. Quedar como un códice a medias, incompleto, fragmentado y sugestivo. (...) Lo que nos horroriza es el absoluto. Lo blanco y lo negro son absolutos.(...) No estamos hechos para el absoluto, quizá por la sencilla razón de que el absoluto no existe, es una abstracción mental que nos ahoga."

También hay pasajes que se leen casi como poemas en prosa:

"Cuando uno es consciente de sus ojos, es como el mar mirando al mundo. Los ojos son lo más acuático que nos queda de haber nacido del agua, y cuando un hombre mira la tierra firme, la montaña, es siempre una criatura de mar, es el mar-criatura quien contempla la sequedad mortal del planeta."

Y junto a la poesía, Umbral reflexiona sobre la escritura, con ideas que me resultaron muy sugerentes:

"Si no hay transferencia no hay escritura. (...) La prosa es prosa porque tiene sombra, la sombra del tío que está encima. Si no tiene sombras es poesía. (...) Si no se encuentra usted transparente, no escriba. (...) Peor que echar borrones es echar sombras. (...) Escribo por el poder de desaparecer. Es mi forma de transparencia. Todos hemos querido ser invisibles alguna vez. (...) Escribir es ausentarse.(...) Leer es crear. Lo activo, lo creativo, es leer, no escribir."

Esa idea de transparencia me hizo pensar en la trascendencia y en la honestidad que se encuentra primero en la observación, luego en la lectura y, más tarde, en la escritura, en la poesía. Y Umbral mismo lo expresa con claridad:

"Ahora, con mi media vida consumada en la literatura, ésta vuelve a ser para mí lo que fue en la infancia y lo que realmente ha sido siempre: mi manera de no estar en el mundo, mi repugnancia hacia la sociedad de los adultos, hacia sus trámites, sus compraventas y sus transferencias."

Otro de los grandes temas que atraviesan el libro es la muerte, vista – al igual que la literatura – como un retorno a la niñez, a la pureza:

"Más que irnos barroquizando, el tiempo nos va desnudando. Todo es un ir retomando a la niñez, a la sencillez, porque la muerte no crece en nuestras condecoraciones de vida y dolor. La muerte nos toma niños, puros, solos, y pienso que es en estos momentos cuando puedo morir. (...) Alguien ha visto la literatura como la infancia recuperada. Pero eso escribo, sí, porque escribir es jugar y jugar es ser niño esencial.(...) Vienes del pájaro y te vas a la catacumbas. (...) Moriré sin haber pasado por el mundo. Jamás he salido del ámbito mágico de la literatura. He vivido el mundo intensamente, pero literariamente. Escribir es sólo la exteriorización de una actitud y de una óptica. El escritor va por dentro."

Incluso algunos fragmentos se pueden leer como auténticos consejos literarios:

"La pluma no tiene mucho que ver con el hombre. Eso lo sabe bien cualquiera que haya escrito cinco folios. (...) Escribe lo que quiere su pluma. Si un tema nos sale, nos va, hay que tirar de él. Qué se le va a hacer. Aunque sea a la fuerza. Y el que se rebela contra su pluma está perdido. Nunca escribirá nada que lo valga. Hay que dejarse llevar."

Pero quizá lo más sobrecogedor sea la manera en que Paco expone su duelo. No lo endulza, no lo suaviza: lo enfrenta con crudeza, casi con brutalidad, y sin buscar consuelo:

"No huyo de mi dolor, no me lo dosifico, como el suicida precavido o la dama sin sueño. Bebo y bebo. Me fulminará el veneno o lo agotaré. No quiero cucharaditas de plata para sufrir. A morro, directamente, bebo a borbotones sangre de niño, muerte de niño, la hemorragia necia y dulce del mundo.(...) Soy el único cadáver que ha escrito un libro en la historia de todos los tiempos."

Leer Mortal y rosa me ha hecho pensar mucho en lo frágil que es la vida y en cómo la literatura puede convertirse en un refugio frente al dolor. Es un libro que duele, pero también ilumina. En mi opinión, esta obra es un testimonio personal y un ejemplo de lo que la literatura puede hacer: transformar el sufrimiento en belleza y hacer que algo profundamente íntimo se vuelva universal. Mortal y rosa se queda contigo, te acompaña y te recuerda que incluso en los momentos más duros, la poesía sostiene. 

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