LA ILÍADA DE HOMERO
Culmino el año con la lectura de uno de los grandes clásicos, La Ilíada de Homero. He de reconocer que siempre había sentido algo de respeto a la hora de abordar esta obra. Sin embargo, una vez coges el ritmo poético de los cantos y te familiarizas con los personajes, te metes de lleno en la historia.
Lo que más me ha gustado, es que no sólo narra las gestas heroicas y las grandes batallas de la Guerra de Troya, sino que también se sumerge en los aspectos más humanos y emocionales de los personajes, dotándolo de un lenguaje poético hermosísimo. Es un viaje profundo al alma humana, especialmente a través del llanto que se convierte en un símbolo de la tragedia de la guerra.
EL LLANTO DE ANDRÓMACA
Uno de los momentos que más me han gustado del libro ocurre cuando Héctor se prepara para salir a la batalla sabiendo que podría no regresar. Su esposa, Andrómaca, se enfrenta a la inminente pérdida, y Homero describe su dolor con una intensidad devastadora. El llanto de Andrómaca no es sólo una manifestación de tristeza por la posible muerte de su esposo, sino también de desesperación por el destino de su hijo, Astianacte, quién quedará huérfano y vulnerable sin la protección de su padre.
La escena está cargada de emoción, especialmente en la forma en que Homero expresa la angustia de Andrómaca mediante la repetición de imágenes poéticas. El llanto de la esposa de Héctor se convierte en un símbolo del sufrimiento femenino en tiempos de guerra, pero también del desarraigo y la impotencia ante lo inevitable. La figura de Héctor, al ser una de las grandes personalidades heroicas de la guerra, se humaniza aún más al contrastar su valentía con el dolor de su familia. Andrómaca, al igual que muchas otras figuras de la obra, es un reflejo del sufrimiento colateral de la guerra, un sufrimiento que va más allá del campo de batalla y afecta directamente a los que quedan atrás.
"(...) Tras hablar así, el preclaro Héctor se estiró hacia su hijo.
Y el niño hacia el regazo de la nodriza, de bello ceñidor,
retrocedió con un grito, asustado por el aspecto de su padre.
Lo intimidaron el bronce y el penacho de crines de caballo,
al verlo oscilar temiblemente desde la cima del casco.
Y se echó a reír su padre y también su augusta madre.
(...) Tras hablar así el esclarecido Héctor cogió el casco
hecho de crines de caballo, mientras su esposa marchaba a casa
volviéndose de vez en cuando y derramando lozanas lágrimas."
"(...) Bajo ellos la divina tierra hacía crecer blanda yerba,
loto lleno de rocío, azafrán y jacinto
espeso y mullido, que ascendía y los protegía del suelo.
En este tapiz se tendieron tapados con una nube
bella, áurea, que destilaba nítidas gotas de rocío."
EL LLANTO FINAL DE AQUILES Y PRÍAMO
Tras la muerte de Héctor, Aquiles, en su furia y desesperación, arrastra el cuerpo del príncipe troyano alrededor de las murallas de Troya, despojándolo de su dignidad. Sin embargo, el sufrimiento de Aquiles no es menos devastador que el de los demás héroes. Su tragedia reside en el dolor por la muerte de su amado Patroclo y su furia incontenible que lo lleva a tratar con extrema crueldad a los troyanos. Pero en el momento de la reconciliación con Príamo, el rey de Troya, una gran transformación ocurre.
Príamo, al llegar a la tienda de Aquiles, no solo busca el regreso del cuerpo de su hijo Héctor, sino que se presenta como un padre que ha sufrido lo mismo que Aquiles: la pérdida de un ser querido en la guerra. El llanto que comparten ambos personajes no solo es una manifestación de dolor individual, sino también una profunda conexión humana. Aquiles, finalmente, muestra una vulnerabilidad que hasta ese momento parecía fuera de su alcance, y se reconoce en el dolor de Príamo. En este encuentro, se deshacen las barreras de la ira y el rencor, y ambos hombres, a través del llanto, comparten su humanidad común. El llanto de Aquiles, por tanto, es una liberación de su rabia, un reconocimiento de su propia vulnerabilidad, y una redención ante la brutalidad que ha protagonizado.
El poema culmina con una visión poética de la guerra, donde, a través del llanto de los personajes, Homero nos recuerda que, más allá de la gloria y la lucha heroica, la guerra es ante todo una tragedia humana, donde el dolor, la pérdida y el llanto son inevitables para todos, tanto para los héroes como para los reyes, como para los hombres comunes.
Fuente: National Geographic
CONCLUSIÓN
El llanto en la obra de Homero, no es solo una expresión de sufrimiento, sino también un vehículo para explorar la fragilidad y la humanidad de los personajes. El llanto se convierte en un símbolo de la paz rota por la guerra, un recordatorio de lo que se pierde cuando el conflicto se desborda y arrastra a todos a su paso. Homero, mediante sus descripciones poéticas, convierte a La Ilíada en una reflexión profunda sobre la guerra, el dolor y la condición humana. La obra, con su riqueza emocional y narrativa, demuestra que, incluso en medio de la violencia y la gloria, los verdaderos héroes son aquellos que no temen mostrar su vulnerabilidad.
Algunas citas que me han llegado al alma...
" (...) El preclaro Héctor entró impetuoso,
con el rostro bajo los ojos como la veloz noche; brillaba
el bronce pavoroso que vestía su cuerpo y en las manos dos lanzas
empuñaba. Nadie que le hubiera hecho frente lo habría detenido,
excepto los dioses, cuando traspuso las puertas; sus ojos fuego
llameaban. Se revolvió hacia la multitud y arengó a los troyanos
para que asaltasen el muro, y ellos hicieron caso de su arenga.
Al instante, unos traspasaron el muro y otros por sus propias
fabricadas puertas penetraron como riada; y los dánaos huyeron
entre las huecas naves, y el bullicio se hizo insondable."
"(...) Pero cada vez que los dos Ayantes daban media vuelta
y les plantaba cara, se les mudaba el color y nadie osaba
precipitarse hacia delante y disputarles el cadáver.
(...)
Como una bandada de estorninos o de grajos vuela
con estridentes chillidos de muerte al ver acercarse delante
al gavilán, que siembra mortandad entre los pájaros menudos,
así bajo el empuje de Eneas y de Héctor los jóvenes aqueos
iban entre chillidos de muerte, olvidados de su belicosidad.
Muchas bellas armas cayeron alrededor y a los lados del foso
en la huida de los dánaos, y no había pausa en el combate."




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